Thursday, April 26, 2007

Soldadutì onech matiquè nopàn hu mu tlatlamutlaquè


No hay nada más desagradable que escuchar a los políticos blandiendo a diestra y siniestra argumentos científicos para justificar una postura...

La semana pasada José Luis Soberanes, director de la CNDH, declaraba que demostraría "científicamente" que la difunta Ernestina (la señora septuagenaria de la sierra de Zongolica Veracruz, a la que una "gastritis crónica mal atendida" le causó la muerte, pero además le provocó moretones en los senos, en los muslos, perforación del ano, traumatismo craneoencefálico, y presencia de una la fosfatasa ácida, proteína que se encuentra exclusivamente en fluidos corporales masculinos), no murió a causa de una violación tumultuaria.

Hace dos días, durante el debate que se llevó a cabo en la ALDF para votar la ley de despenalización del aborto, una diputada panista citó a Carlos Castillo Peraza, quien alguna vez usó la conservación de las tortugas marinas como arma para afirmar que el aborto va en contra del reconocimiento de la "humanidad" (diciendo que nuestra preocupación por la conservación de las tortugas se basa -erróneamente- en el hecho de que aceptamos la "tortuguidad" del huevo fecundado desde el primer momento de su fertilización).

Hay por lo menos una manera de desbaratar el argumento tanto de Soberanes como de Peraza. Para empezar, el conocimiento científico no está hecho para demostrar que tal o cual evento no sucedió; y eso que no estamos adentrándonos en la evidencia, sino simplemente en el planteamiento lógico del método científico (¿Soberanes habrá estudiado lógica y/o epistemiología?). El conocimiento científico generado en la investigación aporta evidencia para acreditar o desacreditar una hipótesis; y una hipótesis se formula en términos positivos, no al revés.

Pero lo que me importa que quede claro es lo siguiente. Se sigue acumulando evidencia para apoyar la hipótesis de que vivimos en un país de doble-moralistas: cuando los políticos se enfrentan a un problema en donde van de por medio sus propios intereses, a la ciencia sí se le aprecia como herramienta para acercarse a la verdad (Soberanes: la ciencia demostrará que Ernestina no murió a causa de la violación; Castillo Peraza: la conservación de especies en peligro de extinción como modelo para la preservación de la vida humana -vida que, dicho sea de paso, no está en peligro de extinción, sino al revés!-). En cambio, cuando se trata de recurrir a la ciencia para resolver un problema de importancia nacional -como la inminente amenaza de que la reserva de la biosfera de Chamela-Cuixmala desaparezca a manos de un puñado de hoteleros que quieren transformar la zona en paraíso turístico- el conocimiento científico pasa por el arco del triunfo de quienes podrían tomar una decisión para prevenir este desastre ecológico.

Quién viera a esos panistas que el martes pasado chillaron ante las cámaras de televisión y los micrófonos de radio: "la ley (de despenalización del aborto) no se puede votar hoy, definitivamente no, tenemos 75,000 firmas que indican que ésto se debe someter a referendum al interior de la sociedad", los mismos que varias semanas atrás vitorearon la aprobación "al vapor" de la ley de reforma al ISSSTE. En ese caso no se tocaron el corazón para aprobar esa ley de inmediato.

¿Cómo habrán conseguido esas 75,000 firmas los panistas? Se rumorea que en los colegios de los Legionarios de Cristo, los directivos azuzan a los alumnos a que consigan las firmas ¡hasta de los maestros!...

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